ayer, saliendo de la ducha, ví algo de lo más bonito que había visto desde hace tiempo:
un bote de colonia, de cristal rojo, empañado por el vapor, al que atravesaba la luz. me pareció mágico.
Y es que hay algo en las superfícies, algo que habla del alma de las cosas.
También me gusta el trocito de piel de la cadera de mi mujer , que siempre está suave y huele bien. Es un rincón inhóspito a la vista del todo el mundo.
la luz, en este tipo de cosas no incide, las acaricia.
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