Ya no hay ni tuyo ni mío,
tan sólo cosas que se conservan
o cosas que se pierden.
Ni que ganar queda,
pero da igual,
después de tantos años
habrá algo que recomponer,
algo que poner
entre la gran distancia
que separa nuestras almohadas
de nuestras espaldas.
Y quizá, sólo quizá,
mañana no sea el día que
despertemos completamente solos.